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Condecoración Mariana

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Condecoración Mariana.

¡Usted merece esta condecoración mariana!

¡Sí! Vea como en el centro de los cinco pétalos, se encuentra la representación de María Santísima, la Rosa de las rosas, fuente de misericordia y de todas las virtudes, la Reina del Cielo y la Tierra, nuestra querida Madre.

LCM

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Condecoración Mariana.
Autor: Asociación Cultural Salvadme Reina de Fátima

Siempre que vaya a la iglesia para asistir a la Santa Misa o a cualquier ceremonia, no olvide ponerse la rosa mariana en el ojal de su chaqueta, de su abrigo o colgada en su ropa.

Al verla, la gente podrá recordarse de alguna situación particular de la vida en que recurrieron a la protección maternal de la Virgen y recibieron una gracia, que los marcó y les devolvió la paz y la alegría.

La idea de hacer esta rosa plateada surgió durante una peregrinación a Fátima, promovida por nuestra Asociación. En esa ocasión, visitamos el Museo del Santuario y pudimos admirar las tres “Rosas de Oro” ofrecidas por los Papas a la Virgen.

Nos fue comentado que, en el pasado, hubo una condecoración que los Papas ofrecieron como símbolo permanente de reverencia, estima y afecto paterno para los monarcas, personalidades ilustres, iglesias notables, gobiernos y hasta ciudades que habían demostrado su espíritu de lealtad al Santo.

Más recientemente, después del Concilio Vaticano II, esta condecoración pontificia se convirtió en un regalo exclusivo de los Papas a la Virgen y, por esta razón, están presentes en varios santuarios, como Fátima, Lourdes, Czestochowa, Guadalupe, Aparecida, Santa Maria sopra Minerva, por ejemplo. La "Rosa de Oro" —este es el nombre de la condecoración— era bendecida cada año por los Papas, en el cuarto domingo de Cuaresma, llamado "Domingo de Alegría", porque se hace una breve pausa en el medio de la Cuaresma, que comenzó en el miércoles de las cenizas.

Pero se trata, sobre todo, de rendir homenaje a la Santísima Virgen, Rosa sin espinas y Remedio de los pecadores, como la llamaba San Buenaventura, y de pedir que la Madre de la misericordia inagotable bendiga a quienes, con un gesto de amor, traigan su representación en el pecho, bien cerca del corazón.

Desde la Edad Media, muchos poetas europeos han abundado en las comparaciones entre la Virgen y la Rosa, o María Santísima y las flores. Dante Alighieri en la Divina Comedia, por ejemplo, usó una imagen extraordinaria que representa a María, como la Rosa, en la cual el Verbo de Dios se hizo carne (Cfr. Dante Alighieri, Paraíso, Canto XXIII, 71-74).

Alfonso X, el Sabio, a su vez, en la cantiga 10 de Santa María alaba a la Virgen con las siguientes palabras: «¡Rosa de rosas, Dama de damas, Señora de los señores! Rosa de belleza y apariencia, y flor de alegría y placer, Dama de gran piedad, Señora en aliviar las penas y el dolor» (Cfr. Alfonso X, Cantigas de Santa María, nº 10).