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Cruz del Sagrado Corazón de Jesús

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¡Usted merece esta Cruz del Sagrado Corazón de Jesús!

¡Sí! Una bonita cruz, en cuya parte central está representado el Sagrado Corazón de Jesús, fuente de bondad, de misericordia y de compasión para con cada uno de nosotros.

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Cruz del Sagrado Corazón de Jesús
Autor: Asociación Cultural Salvadme Reina de Fátima

Creo que le apetecerá conocer la historia de ese joven que se convirtió y fue un modelo de cristiano, después de haber oído un sermón sobre la cruz y la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
¿Cómo es posible —pensó el joven noble— que alguien quede indiferente ante un gesto de amor tan grande? ¿Un Dios que muere por mí y yo continúo mi vida con toda normalidad, como si Él no existiera y no me hubiera abierto las puertas de la felicidad eterna?
Herinque era muy conocido en su ciudad. A los 18 años ya era dueño de una enorme fortuna.
A pesar de no haberse entregado a una vida desordenada y licenciosa, amaba bastante los placeres y las locas vanidades del mundo.
No existía un joven que hiciera hincapié en mostrarse como el más elegante, con los mejores trajes de la moda, ni que ostentara mayor riqueza que la suya. Se decía de él que era el alma de todas las fiestas, atrayendo a sí a los que gustaban del fasto y de la alegría.
Pero… las palabras del joven P. Francisco Estrada, de la Compañía de Jesús, tan justamente llamado, en su época, «trompeta del Espíritu Santo», fueron suficientes como para hacer que en pocos días el joven hidalgo pasara de mundano a cristiano ejemplar.
Después de los primeros sermones del P. Estrada, Nunes de Gouveia fue a buscarlo al hospital donde asistía a los enfermos y le ofreció hospedaje en su casa, para hacer de ella un verdadero hogar católico.
La invitación fue aceptada y a partir de entonces su fortuna ya no le perteneció más, sino a los pobres, a los enfermos y a todas las obras de caridad.
El cambio fue radical. Henrique empezó a recibir con constancia los sacramentos, comenzó a rezar, a hacer penitencia y sacrificios, especialmente durante la Cuaresma, y no escatimaba esfuerzos para que su mujer, Beatriz de Madureira, su hijos, empleados, parientes y amigos amaran a Nuestro Señor Jesucristo.
Todas las noches, Nunes de Gouveia les daba, él mismo, clases de catecismo a sus sirvientes, cuando no se reunía con su familia o amigos para hablar de alguna devoción, para explicar algún punto de la doctrina católica, que pudiera ayudar a todos a progresar en la vida espiritual, en la unión con Dios y a ser caritativos con los más necesitados. En sus ratos libres, iba a los hospitales para ayudar a curar a los enfermos, hacer sus camas, sanar sus heridas y visitaba a los encarcelados.
En ocasiones, llegó incluso a llevar a sus hijos, que aprendieron desde muy temprano a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Además, antes de morir, pudo ver a sus tres hijos mayores ingresar en la Compañía de Jesús, mientras que sus dos hijas entraron en la Clarisas y el más pequeño abrazó la Regla de San Francisco.
Cuando se dio cuenta de que su muerte estaba cercana, pidió que le administraran los últimos sacramentos, los cuales recibió con mucha piedad. Después de haber recibido la extremaunción y la comunión, llamó a sus hijos y amigos y se despidió de ellos. Cuando llegó el turno de su esposa, le anunció, secretamente, que diez años más tarde ella se reuniría con él en el Cielo.
Unos minutos después, entregaba serenamente su alma a Dios, besando por última vez el crucifijo que llevaba siempre consigo.
Curiosamente, en 1580, diez años más tarde, el mismo día 21 de marzo, Beatriz, veía cómo se cumplía al pie de la letra la profecía de su amado esposo y siervo de Dios: marchaba entonces a la eternidad.
Nuestro Señor Jesucristo, a quien ella y su marido tanto amaban, todavía quería manifestar su predilección por una persona que había sido tan devota de la cruz y que había hecho tanto bien por el prójimo.
Cuando su ataúd fue abierto, su cuerpo estaba intacto y exhalaba un perfume agradable. Para todos, ese fue además un testimonio de que Henrique Nunes de Gouveia daba de la bondad de Dios para con aquellos que procuran seguir el camino de la santidad. 
Esta breve historia, de un personaje completamente desconocido para mí hasta entonces, me tocó profundamente y deseo compartirlo con usted.