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Mi libro de Oraciones

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Confíe Ud. en este amigo que le enseñará a conseguir, con seguridad, lo que pida o necesite. Me refiero al libro de Oraciones.

Hacer de este libro el compañero de nuestro día adía, ayudando a encontrarnos más fácilmente con el Señor en medio denuestros quehaceres, para pedirle, por intercesión de María,...

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Hacer de este libro el compañero de nuestro día adía, ayudando a encontrarnos más fácilmente con el Señor en medio denuestros quehaceres, para pedirle, por intercesión de María, de los ángeles ysantos, no solo por nuestra salvación y santificación, sino también por lasnecesidades de la Santa Iglesia, del Papa y de todos los hombres y mujeresde buena voluntad.

Como Ud. sabe bien, la oración es indispensable para el cristiano. A través de ella, nosotros podemos entrar en comunicación íntima con Dios, nuestro Padre, Hermano y mejor Amigo, conversar con Él, presentarle nuestros sentimientos de amor y de gratitud o exponer nuestras miserias y necesidades, suplicando su socorro.

Jesús mismo nos enseña en el Evangelio, varias veces, la necesidad de la oración:

— “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre” (Mt 7, 7-8).

Y continúa explicando aún más, la excelencia de lo que se recibe:

“Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!” (Mt 7, 9-11).

¿Habrá promesa más clara, solemne y categórica que ésta?

Hoy día estamos padeciendo una crisis de valores tremenda, con mucha incertidumbre sobre el porvenir. La institución de la familia está cada vez más debilitada.

El relativismo y la indiferencia religiosa llevan a destruir la fe de los jóvenes… y podríamos seguir presentándole una larga lista de problemas para los cuales debemos pedir una urgente intervención de Dios y un nuevo impulso evangelizador.

Y eso, sin hablar de problemas menores, pero que afectan a nuestra vidas, como las constantes inquietudes sobre nuestra salud, o la falta de progreso espiritual, etc.

Cuando sienta un enorme peso sobre sus espaldas, malhumor, falta de fuerzas para seguir adelante o una tentación muy grande de perder la paciencia y desistir de todo, deténgase un poco a pensar:

“Es la hora de la oración, de buscar unos momentos de intimidad con Dios para presentar mis alegrías y mis penas, rebeldías y esperanzas, mis remordimientos y mis arrepentimientos, todo lo que hay en mi interior”.