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Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen

Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen

Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen

"Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen" 

Escrito por San Luis María Grignion de Montfort

Magníficamente editado:  Edición a todo color. 208 páginas. Cosido a hilo. Solapas.

LTSV01

8,32 €

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"Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen" 

Escrito por San Luis María Grignion de Montfort

 

Grandezas de María

1. Jesucristo vino al mundo por medio de la Santísima Virgen, y por medio de Ella debe también reinar en el mundo.

2. La vida de María fue vida oculta; por eso el Espíritu Santo y la Iglesia la llaman alma mater: madre oculta y escondida 1 . Su humildad fue tan grande, que no hubo para Ella en la tierra anhelo más poderoso y constante, que pasar desconocida de sí misma y de toda criatura, para ser conocida de sólo Dios.

3. Pidió sobre todas las cosas pobreza y humillación; y Dios, condescendiendo, tuvo a bien ocultarla en su concepción, en su nacimiento, en su vida, en sus misterios, en su resurrección y asunción, a las miradas de todos los hombres. Sus mismos padres no la conocían; y aun los ángeles unos a otros se preguntaban frecuentemente ¿Quién es ésta? 2 . Y es que el Altísimo se la ocultaba; o si algo les descubría, era infinitamente más lo que les encubría.

4. Dios Padre, a pesar de haberle comunicado su poder, consintió en que María durante su vida no obrase ningún milagro, al menos portentoso. Dios Hijo, a pesar de haberle comunicado su sabiduría, permitió que apenas hablase. Dios Espíritu Santo, a pesar de ser Ella su Esposa fiel, consintió en que los apóstoles y evangelistas dijesen de Ella muy poco, y solamente lo necesario para dar a conocer a Jesucristo.

5. María es la excelente obra maestra del Altísimo, cuyo conocimiento y posesión ÉI se ha reservado para Sí. María es la Madre admirable del Hijo, que tuvo a bien humillarla y ocultarla durante su vida, para fomentar su humildad, llamándola mujer 3 , como a una extraña, si bien en su corazón la apreciaba y amaba más que a todos los ángeles y hombres. María es la fuente sellada 4 en que sólo puede entrar el Espíritu Santo, de quien es fiel esposa. María es el santuario y descanso de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más magnífica y divinamente que en ningún otro lugar del universo, sin exceptuar su mansión en los querubines y serafines, y a ninguna criatura, por pura que sea, está permitido entrar en Ella sin un gran privilegio.

6. Lo digo con los santos : La divina María es el paraíso terrestre del nuevo Adán, donde se encarnó por obra del Espíritu Santo para obrar en Él maravillas incomprensibles. Ella es el grande y divino mundo de Dios, que contiene bellezas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, donde ocultó, como en su propio seno, a su Unigénito, y con Él, todo cuanto hay de más excelente y precioso. ¡Oh, qué cosas tan grandes y tan ocultas ha hecho este Dios todopoderoso en esta criatura admirable, como ella misma se ve obligada a confesar, a pesar de su profunda humildad: Hizo en mi favor grandes cosas el poderoso! 5 . El mundo no las conoce, porque es incapaz e indigno.

7. Los santos han dicho cosas admirables de esta santa ciudad de Dios, y nunca han estado tan elocuentes y tan contentos, según ellos mismos nos dicen, como al hablar de Ella. Todos a una proclaman que la altura de sus méritos, elevados por Ella hasta el trono de la divinidad, es inaccesible; que la anchura de su caridad, más dilatada que la tierra, no se puede medir; que la grandeza del poder, que tiene aun sobre el mismo Dios, no puede comprenderse; y, en fin, que lo profundo de su humildad, como de todas sus virtudes y de todas sus gracias, es un abismo que no puede sondearse. ¡Oh altura incomprensible! ¡Oh anchura inefable! ¡Oh grandeza sin medida! ¡Oh abismo impenetrable!

8. Todos los días, de uno a otro confín de la tierra, en lo más alto de los cielos y en lo más profundo de los abismos, todo pregona, todo predica a la admirable María. Los nueve coros de los ángeles, los hombres de toda edad, sexo, condición y religión, buenos y malos, hasta los mismos demonios, de buen grado o por la fuerza de la verdad, se ven obligados a llamarla bienaventurada. «Todos los ángeles en los cielos, dice el Salterio de Nuestra Señora, la proclaman incesantemente: Santa, Santa, Santa María, Virgen y Madre de Dios», y millones y millones de veces todos los días le ofrecen la salutación angélica: Ave María; y prosternados ante ella, le suplican por gracia los honre con alguno de sus mandatos. San Miguel, dice San Agustín 6 , con ser el príncipe de toda la milicia celestial, es el más celoso en rendirle, y procurar que los demás le rindan, todo género de honores, siempre esperando sus órdenes para acudir en socorro de alguno de sus servidores.

9. Toda la tierra está llena de su gloria, particularmente entre los cristianos, que la han tomado por tutelar y protectora de varios reinos, provincias, diócesis y ciudades. Muchas catedrales están consagradas a Dios con su advocación. No hay iglesia sin un altar en su honor; ni comarca ni cantón donde no se dé culto a alguna de sus imágenes milagrosas, donde se curan toda suerte de dolencias y se obtienen toda clase de bienes. Tantas cofradías y congregaciones en su honor, tantas Religiones puestas bajo su nombre y amparo, tantos congregantes y hermanas de todas esas cofradías, tantos religiosos y religiosas de todas las Órdenes, que publican sus alabanzas y anuncian sus misericordias. No hay un solo pequeñuelo que, al balbucir el Ave María, no la alabe; no hay apenas un pecador, por endurecido que esté, que no guarde alguna centella de confianza en ella; ni siquiera hay un demonio en los infiernos, que, temiéndola, no la respete.

10. Por todo esto, nos vemos forzados a decir, en verdad, con los santos: De Maria nunquam satis... Todavía no ha sido María bastante alabada, ensalzada, honrada, amada y servida. Todavía merece más alabanza, más respeto, más amor y más obsequios.

11. Después de esto, conviene decir, con el Espíritu Santo 7 : Toda la gloria de la hija del Rey está en el interior; como si toda la gloria exterior que el cielo y la tierra le rinden a porfía, fuese nada en comparación de la que en su interior, recibe del Creador, la cual es desconocida de las infelices criaturas, incapaces de penetrar el secreto de los secretos del Rey.

12. He aquí por qué debemos exclamar con el Apóstol 8 : Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre comprendió las bellezas, las grandezas y las excelencias de María, milagro de los milagros de la gracia, de la naturaleza y de la gloria. «Si quieres comprender a la Madre, dice un santo 9 , comprende antes al Hijo, pues Ella es digna Madre de Dios». Aquí enmudezca toda lengua 10.

13. Mi corazón, con particular alegría, me ha dictado lo que acabo de escribir para demostrar que la divina María ha permanecido desconocida 11 hasta ahora, y que ésta es una de las razones porque Jesucristo no es todavía conocido como debe serlo. Si, pues, es cierto, como lo es, que el conocimiento y reinado de Jesucristo ha de venir al mundo, esto no será sino como consecuencia necesaria del conocimiento y del reinado de la Santísima Virgen María, que lo trajo al mundo la primera vez y lo hará triunfar la segunda.

Ficha técnica

  • Alto - 19,5 cm.
  • Ancho - 13 cm.
  • Profundo - 3,5 cm.
  • Peso - 1.260 gr.
  • Páginas - 208 páginas
  • Edición - A todo color
  • Cosido - A hilo
  • Solapas - Si, duras

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