Pulsera de la Confianza

    Pulsera de la Confianza

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    LPC

    Pulsera de la Confianza

    PARA que no se olvide de adorar siempre a Dios, por intercesión de su santa Madre y de los Santos, le ofrezco la «pulsera de la confianza».

    En ella encontrará estampadas representaciones de Nuestro Señor Crucificado, Nuestra Señora de la Confianza, Nuestra Señora del Buen Suceso, Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ...

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    En ella encontrará estampadas representaciones de Nuestro Señor Crucificado, Nuestra Señora de la Confianza, Nuestra Señora del Buen Suceso, Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Nuestra Señora de Lourdes, el Niño Jesús de Praga, Nuestra Señora del Socorro, Nuestra Señora de los Dolores, Santa Rita de Casia, San José, Inmaculado Corazón de María y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.

    Póngasela hoy mismo en su muñeca y confíe plenamente, cuando la use, en el Maestro adorable que nos lo ha dado todo: sus tesoros, su amor, su vida, incluso hasta la última gota de su sangre...

    Y que quiere seguir dándonos todo lo que necesitamos en esta vida terrenal, antes de concedernos la felicidad eterna en el Cielo.

    ¡Ah, si comprendiéramos bien estas cosas! Con esa fe y esperanza no temeríamos las adversidades de la vida, porque siempre recurriríamos a su divina protección, mediante la oración.

    Sí, porque la confianza no nos dispensa de la oración.

    Y la historia de los santos nos muestra cómo rezaban con confianzay por eso Dios les mostraba su amor infinito.

    El padre Saint Laurent, en su «Libro de la confianza», relata el caso delabad Sisois, un ermitaño del desierto, quien oró por uno de sus discípulosque comenzó a tener problemas de salud, debido a las enormes tentacionesque estaba atravesando.

    Con los ojos fijos en el cielo, exclamaba: «Señor, lo quieras o no, no tedejaré antes de que lo hayas curado». Y el pobre hermano recuperó la gracia,serenidad y su salud fue completamente restaurada.

    Santa Catalina de Siena nos da otro ejemplo de la confianza quedebemos tener cuando pedimos gracias y favores de Dios.

    Su confesor, el Bienaventurado Raimundo de Capua, cuenta queSanta Catalina se arrodillaba y oraba: «Señor, no me apartaré de tus pies,de tu presencia, mientras que tu bondad no me haya concedido lo que deseo».

    Y audazmente, pedía: «Señor, pon tu mano en la mía! ¡Sí! Dame una pruebade que me darás lo que te pido».

    A Dios le es tan fácil oír y atender nuestras plegarias y sanar las heridasocultas de nuestra alma hoy, como lo era curar las enfermedades de los que aÉl recurrían cuando estuvo en la Tierra.

    Tan sencillo le es apaciguar nuestras agitadas pasiones, como le fueordenar a los vientos y a las olas del mar: «¡Calmaos, enmudeced!».

    Creo que se recordará, cuando Pedro tuvo miedo de ahogarse en elmar de Galilea, exclamó «Señor, ¡sálvame!», y Nuestro Señor le dio el poderde andar sobre las aguas para que pudiera llegar hasta la barca.

    Estos ejemplos nos interpelan y nos hacen pensar en la forma con quepresentamos nuestras súplicas a Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima.

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