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Cuadrito metálico Virgen de Fátima

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Un cuadrito para que la Santísima Virgen esté siempre a su lado y para que la dulzura de su mirada le acompañe en los momentos de alegría y de tristeza.

Muchas veces, un cuadrito con la representación de la Virgen María puede ser un signo de esperanza y servir de ayuda en una hora ...

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Un cuadrito para que la Santísima Virgen esté siempre a su lado y para que la dulzura de su mirada le acompañe en los momentos de alegría y de tristeza.

Muchas veces, un cuadrito con la representación de la Virgen María puede ser un signo de esperanza y servir de ayuda en una hora de dificultad… En efecto, existen problemas en la vida que no podemos soportar por sí solos. Es necesaria la ayuda de Dios, la ayuda de la gracia divina.

¿Y quién mejor que María Santísima para obtener de Él lo que necesitamos?

Esta pregunta, me hace recordar una visión que tuvo San Francisco de Asís.

En cierta ocasión, Dios le mostró dos escaleras: una roja, en la cima de la cual se encontraba el mismo Cristo, con su Cruz; y otra, blanca, que conducía también al Cielo, en lo alto de la cual estaba María Santísima, radiante de gloria y de bondad.

Y San Francisco dijo a sus discípulos: —¡Subid por la escalera roja!

Ellos subieron con coraje y determinación, mirando al Divino Salvador. Pero muchos de ellos, exhaustos y vacilantes, cayeron pesadamente por tierra.

Entonces, al ver la dificultad de sus hijos espirituales, el Pobre de Asís, gritó: —¡Coged la escalera blanca!

Ellos se apresuraron y empezaron a elevarse. A medida que subían los escalones se sentían aliviados por un poder superior que los atraía y los sostenía. Era la Santísima Virgen que les extendía los brazos, los animaba y los fortificaba con sus palabras.

Y, finalmente, todos lograron llegar a Ella, la dulce Puerta del Cielo, y por Ella fueron salvos.

¡Así es María Santísima! Junto a Ella las personas que tienen devoción y fe no se sienten aburridos; cuando sufren, se sienten fortificados; no se cansan de contemplarla y de decirle: "¡Oh mi Madre! Te amo! ¡Por nada en este mundo quisiera contradecirte! ¡Ayúdame y protégeme!".

Cuando nos dirigimos con este afecto a la Virgen, Ella se alegra, y con Ella, todo el Cielo se regocija de alegría.