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Via Crucis

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¿Dónde puede usted buscar ánimo suficiente para afrontar los constantes desafíos de la vida?

 La respuesta puede ser encontrada en este bonito Vía Crucis, que contiene meditaciones de Santos y Beatos.

LVC

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Sí, porque, si en los momentos difíciles, nos acordamos de los dolores que Nuestro Señor Jesucristo padeció por amor a cada uno de nosotros, tendremos más coraje y paciencia para cargar nuestra Cruz.

¿No es verdad que nuestras vidas se asemejan, no pocas veces, al camino de la Cruz de Cristo? Allí, junto a la Cruz del Señor, encontramos la fuente inagotable de la Divina Misericordia, fuente luminosa de ternura y de cercanía, de acogida y de perdón.

Hoy día, hay mucha gente que se preocupa con el aspecto material de nuestros pobres y necesitados —gracias a Dios— pero, ¿quién se preocupa de las personas necesitadas espiritualmente en nuestro país?

A la hora de preparar este Vía Crucis, con meditaciones de algunos Santos y Beatos, hemos pensado en el enorme bien espiritual que podríamos hacer con su ayuda.

Pero qué pocas son las personas que se conmueven con el dolor y los sufrimientos indecibles de nuestro Divino Salvador. Muchas veces, las personas le vuelven la espalda para buscar en los placeres, y hasta en el pecado, la razón de ser de sus vidas.

Tengo la certeza de que las meditaciones de algunos Santos y Beatos, desde los más antiguos hasta los más recientes, que encontrará en el Vía Crucis, editado especialmente para usted y los bienhechores de nuestra Asociación, nos ayudarán a abrir el corazón a la voluntad de Dios, que aún cuando nos pide para caminar en la oscuridad de la prueba, lo hace para prepararnos para alegrías mucho mayores que cualquier humano placer.

Como sabe, en el ejercicio del Vía Crucis meditamos sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Allí, encontramos a la Virgen María, la primera que, según narra la tradición, hizo este ejercicio, visitando y recorriendo los lugares en los que su amado y Divino Hijo tanto sufrió por cada uno de nosotros, para así, disminuir su dolor y darle gracias por todas sus muestras de amor con los hombres.

Los Apóstoles y las santas mujeres La acompañaban en tan piadoso acto. Fue a partir de ahí que los fieles comenzaron a imitarla.

Y, como cuenta Mons. Demetrio Fernández en el prólogo: “el ejercicio piadoso del Vía Crucis es introducido en Occidente por el beato Álvaro de Córdoba, fraile dominico, que en 1419 regresó de Jerusalén impresionado por el camino del Calvario en la Vía Dolorosa y fundó en Córdoba el convento de Scalaceli con sus catorce estaciones en piedra, que representan otras tantas estaciones de lo que hoy conocemos normalmente como Vía Crucis”.

Así, a lo largo de los siglos, hasta hoy, muchos fieles tienen la dicha de venerar esos Santos Lugares, ganando innumerables indulgencias y beneficios espirituales.

Sin embargo, como muchos fieles no pueden hacer este viaje. Por ello, la Iglesia, madre cariñosa y siempre solícita por el bien de sus hijos, ideó un medio para que todos pudiesen alcanzar los mismos beneficios por medio de la recitación del Vía Crucis, como si estuviesen personalmente en Jerusalén.